En la antigua china decían: “no he de luchar ante mi capacidad de sentir, he de alinear mi sensibilidad a los estímulos precisos que Dios ha creado en mi honor”.
Cuando se habla de sensibilidad, muchas veces es criticada, pues parece ser contraria a ser fuertes.
Podemos negarla, rechazarla, disimularla para que no se note…
Sin embargo ser altamente sensible es todo un Don, una bendición pues es esa sensibilidad la que nos hace disfrutar con más intensidad de todos los sentidos, las emociones, las energías; disponemos de un abanico más amplio de información, de sensaciones….
Cada vez son más las almas sensibles que descienden a la tierra y que consideran que sentir es una maldición y no una bendición y consecuentemente se sienten inundadas, abrumadas y confusas ante la marea de descargas energéticas.
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Realizada por Anna Lenhardy |